lunes, 29 de julio de 2013

Llança, primer y gran dia

Bajando de vuelta a Llança, debíamos pensar dónde comer pero sabíamos que no teníamos tiempo para buscar un restaurante barato o sitios de comida rápida a las cinco de la tarde, no aprovecharíamos el día, por lo que optamos por ir al supermercado más cercano que encontráramos y voilà, un Spar gigante justo enfrente de la oficina de turismo. Tenia de todo lo que te podías imaginar y nada demasiado caro, para ser la costa brava. Unos bocadillos y un agua bien fresca o un aquarius, es lo más económico que te puedes hacer.
Debíamos proseguir con nuestra labor y buscar esta vez dónde dormir, tarea un poco difícil siendo día viernes y con la tienda de campaña y los saco de dormir a cuestas.


    Plaça Major de Llança (el árbol está cubierto por tejidos hechos a crochet muy bonitos)


Vistas del Puerto
   


Recorrimos todo el pueblo, miramos gran parte de las playas apartadas para poder acampar pero ninguna nos convenció.
Las playas del lado norte son amplias y de arena/tierra pero las del sur (pasando el puerto) son todas de piedrecillas y pequeñas, tranquilas, pero no para quedarnos sin esterillas.Todas están bajo la atenta mirada de los vecinos que viven detrás de las playas. El viento también influyó, ya que si era medianamente fuerte durante el día, no nos queríamos ni imaginar cómo sería de noche.
El cansancio nos pasaba factura y los ánimos estaban por los suelos porque veíamos que no podríamos acampar en ningún sitio (puede que sí en algún sitio de Llança, pero no teníamos más ánimos de seguir caminando) y yo por ningún motivo me dejaría llevar por la negatividad. Es el primer día!, así que muy a mi pesar, tuvimos que buscar hostal.
Había poca variedad de alojamiento (mi opinión). Los hostales estaban a precio de hotel de 2 estrellas, y los hoteles, para qué decir. Uno de ellos en la parte centro costaba 80 euros la noche sin desayuno, una barbaridad. El pueblo también posee su propio albergue, ubicado al lado de la estación de tren (es perfectamente visible porque está en lo alto) pero queríamos dormir, no escuchar la juerga de nadie.
Tras llamar a todos los alojamientos posibles de 1 y 2 estrellas (más económicos en teoría), creímos que habíamos encontrado uno, donde la noche costaba 48 euros (un hostal sin estrellas), sin embargo, nos dimos cuenta a tiempo de que además de que el dueño no era muy amable, el hostal estaba justamente en la carretera. Así que para pagarle esa cantidad y no poder dormir, preferimos seguir buscando.
De vuelta en el centro, se nos iluminaron los ojos al ver unos apartamentos a precio de hostal (entre 45 y 50 euros) a una calle de información turística. Casi casi aliviados, llegamos a la puerta y vimos el cartel de CERRADO LOS VIERNES (¡cóomo!!???? )...otra vez media, vuelta.
Casi a punto de perder la paciencia, nos devolvimos al comienzo del casco antiguo y divisamos entre las calles que rodeaban la pequeña rotonda, un hotel de 1 estrella con muy buena pinta. Hallelujah! el dueño era simpatiquísimo y amable, y el precio estaba muy bien para ser un hostal/ hotel de una estrella (50 euros) : el Hostal Empordà. Un hostal muy agradable, cálido, con comedor, bar y recepción en la primera planta y varios pisos de habitaciones. Pasillos silenciosos a pesar de no estar cubiertos por moqueta (todo era de cerámica).
Nuestra habitación no tenía Tv ni tampoco wifi, pero la verdad no nos importaba, lo que nos interesaba era descansar, tener silencio, y así fue. El dueño nos dio una habitación en el segundo piso, en medio del pasillo. Era una habitación espaciosa, con lavabo completo y amenities. Terraza grande donde perfectamente podías ponerte unas sillas, persiana para aislar el ruido y los muebles propios de un hostal. No encontramos nada negativo. Quizá hubiera faltado el desayuno dentro del precio, pero nos daba igual. El precio que pagamos mereció la pena para un descanso que hacía tiempo no teníamos y que muchos hostales y hoteles de las ciudades te ofrecen, pero que al final no tienes.


Ya puestos otra vez en marcha, aliviados de tener alojamiento y sin las mochilas encima, fuimos a ver cómo era la noche del pueblo, y nos llevamos una grata sorpresa...